Hace como un mes terminó el semestre en Ingeniería. Ahora y no de milagro, porque si me costó muchísimo trabajo, estoy por inscribirme al segundo semestre. El curso estuvo marcado a 16 semanas y realmente se entiende por qué. Cuatro meses de estudio por dos de descanso me parecen justos, y es que es una friega. Si totalmente. Tareas, series de ejercicios, prácticas, exámenes… Igual y al principio todo era color de rosa; un poco pesado, claro, porque en la preparatoria todo es más fácil comparado con la universidad —por eso ha de ser—, pero conforme pasaba el tiempo el estrés aumentaba junto con las tareas y exámenes. ¡Benditas esas semanas dónde tocaban dos parciales en un sólo día o tres exámenes en una semana! Y al final….ya cuando es el último día de clases, ni siquiera sabes cómo es que saliste vivo y la libraste. Sí, eso fue lo que me pasó el primer semestre; además pagué el precio de adquirir y desechar conocimientos que seguro me hubieran ayudado en este nivel, porque eso sí, en prepa cuántas veces dije “¿Y esto para qué me va a servir?” Bien, pues ahora sé para que me pudieron ser útiles todos esos conocimientos, pero pues nadie sabe lo que depara el futuro ¿verdad?
Aún quedan muchos días de vacaciones. He comenzado a estudiar por mi cuenta algunos temas de las materias más difíciles (relativamente) del segundo semestre. Lo hago porque no quiero que me agarre de bajada y luego tener que redoblar esfuerzos para recuperarme. Trataré de no atrasarme y subir mi promedio. En general, espero no cometer esos errores tontos del semestre pasado, sobre todo ese de temerle a los exámenes. Sin embargo, todavía no es año nuevo para establecer propósitos... lo bueno es que tres días pasan volando.
Aprovechando el título para el cual me preparo, encontré esta frase que dice:
Un ingeniero no es una copia, es original y se atreve a cambiar una realidad, no importa el tiempo o el espacio, todo es posible mientras crea que es así.